Nunca vas a tener toda la información. Nunca vas a tener todas las garantías. Y aun así, tienes que decidir. La pregunta es desde dónde.
Aceptar o no una propuesta laboral. Enfrentar a un colaborador que no rinde. Invertir ahora o esperar. Cambiar de rumbo cuando tu familia te pide que "no te compliques". Todos los días enfrentamos decisiones en escenarios complejos, con muchas variables, poco tiempo y cero certezas.
En el artículo anterior vimos que tener estrategias no te convierte en estratega. Hoy vamos a la prueba de fuego de esa mente: decidir cuando no está claro qué hacer.
Por qué nos paralizan los escenarios complejos
Cuando una situación es compleja, solemos culpar a la falta de información. Pero en la mayoría de los casos, lo que nos frena no es lo que no sabemos. Son tres cosas mucho más humanas:
- El miedo a equivocarnos, que nos lleva a postergar indefinidamente.
- El exceso de opciones, que nos lleva a comparar sin fin y no elegir ninguna.
- El miedo a la desaprobación, el más silencioso de todos: decidir pensando en qué van a decir los demás.
Los dos primeros se resuelven con método. El tercero se resuelve con carácter. Y un estratega necesita ambos.
La incertidumbre no se elimina: se gestiona
Mucha gente espera "estar segura" para decidir. Mala noticia: esa seguridad no llega nunca. La incertidumbre no es un error del sistema; es la condición normal de la vida y de los negocios.
La mente del estratega no pretende eliminarla. Hace algo más inteligente: busca un punto fijo dentro del movimiento. Cuando todo afuera cambia, necesitas algo adentro que no cambie. Ese punto fijo tiene dos nombres: tus valores y tu propósito.
El orden importa: valores primero
La mayoría decide en este orden: primero mira las opciones, después elige la más conveniente y, al final, si queda tiempo, busca cómo justificarla con sus valores. Así se toman decisiones que a los seis meses no se pueden sostener.
El estratega invierte el orden:
Valores → Propósito → Opciones.
Primero defines qué no vas a negociar. Después, hacia dónde vas. Recién entonces eliges el camino.
Este orden tiene un efecto inmediato: descarta de entrada la mitad de las opciones. Las que chocan con tus valores ya no compiten. De pronto, el escenario "complejo" se vuelve bastante más simple. No porque la realidad cambió, sino porque tú pusiste orden adentro.
No es una idea nueva. Nuestros abuelos lo resumían en algo sencillo: la palabra se cumple. Tenían menos opciones que nosotros, pero muchas veces decidían mejor, porque sabían primero quiénes eran y después qué convenía.
Mirar en tres dimensiones
Una decisión estratégica no se evalúa solo por lo que te da a ti. Antes de decidir, el estratega la mira en tres dimensiones:
Dimensión personal. ¿Esta decisión me hace crecer o solo me hace ganar? ¿Es coherente con la persona que quiero llegar a ser?
Dimensión colectiva. ¿Cómo afecta a mi equipo, a mi familia, a mi organización? ¿Genera confianza o la erosiona?
Dimensión del entorno. ¿Qué impacto deja en mi comunidad, en mi mercado, en el mundo que heredarán otros?
Una decisión que gana en una dimensión y destruye las otras dos no es una buena decisión. Es una deuda con fecha de vencimiento.
No renuncies a tu evolución por agradar
Esta es la parte incómoda, así que vamos a decirla sin rodeos: no puedes renunciar a tu forma de ver tu propia evolución solo para agradar a los demás.
Vas a tener un jefe que prefiere que no preguntes. Un cliente que te pide "un pequeño atajo". Un familiar que opina que tu proyecto es una locura. Un grupo de amigos que se incomoda cuando cambias. Si cada vez que alguien frunce el ceño tú retrocedes, en poco tiempo estarás viviendo la vida que otros diseñaron para ti.
Ojo: esto no es soberbia ni cerrarse a escuchar. El estratega escucha a todos, pondera cada opinión y aprende de quien sabe más. Pero decide desde su centro, no desde la necesidad de aprobación. Escuchar es sabiduría; obedecer para caer bien es abdicar.
La pregunta que lo cambia todo es simple: ¿estoy decidiendo por convicción o por aprobación? Si la respuesta honesta es "por aprobación", ya sabes que esa decisión te va a costar caro, aunque hoy parezca barata.
El propósito mayor: tu faro en la niebla
Cuando el escenario está completamente nublado —y va a pasar— los datos no alcanzan. Ahí es cuando el propósito hace su trabajo.
Tener un propósito mayor significa saber para qué haces lo que haces, más allá del resultado inmediato. No es una frase bonita para la pared de la oficina. Es un criterio de decisión. Frente a dos caminos inciertos, el propósito te dice cuál te acerca a la persona, al líder y al proyecto de vida que estás construyendo.
Quien tiene un para qué claro soporta casi cualquier cómo. Quien no lo tiene, cambia de rumbo con cada viento.
Ejercicio: el filtro del estratega
Toma una decisión que tengas pendiente —en tu trabajo o en tu vida diaria— y pásala por este filtro, por escrito y en este orden:
① Valores: ¿Qué valor mío está en juego aquí? ¿Alguna opción lo compromete? Si es así, descártala ya.
② Propósito: De las opciones que quedan, ¿cuál me acerca más a mi propósito mayor?
③ Tres dimensiones: ¿Qué impacto tiene en mí, en los demás y en mi entorno?
④ Convicción: ¿La elijo porque creo en ella o porque va a agradar?
⑤ Primer paso: ¿Qué acción concreta doy en las próximas 24 horas?
Vas a notar que la incertidumbre no desaparece. Pero cambia de peso: deja de paralizarte y pasa a ser simplemente parte del terreno. Y el terreno, para un estratega, siempre se puede leer.
No elegimos los escenarios que nos tocan. Elegimos desde dónde los enfrentamos. Que sea desde tus valores y hacia tu propósito.
Sigue aprendiendo
Decidir bien en escenarios complejos no es un don: es una capacidad que se entrena. En los programas de formación de líderes estrategas del Método HT trabajamos estas herramientas en situaciones reales de tu empresa y de tu vida, con acompañamiento y práctica.
Sobre el autor
Héctor Torres es Formador de Estrategas, experto en estrategia y creador del Método HT: Ser Estratégico®. Con más de dos décadas formando líderes y equipos en el mundo hispanohablante, integra psicología, filosofía, análisis transaccional, neurociencia y artes marciales filosóficas en la formación de líderes estrategas. Es fundador de HT Corporación del Conocimiento y de la Escuela Internacional de Coaching Estratégico Profesional, y autor del libro El Sendero del Estratega.
Comentarios
Publicar un comentario